Mucho tiempo sin escribir. No me da pereza. Lo único que me
pasa es que no encuentro una cosa interesante salvo hablar de política. Voy a
intentar no hablar de ello. Y si de sabiduría popular.
nosotros. Que recuerdos, mi madre y mi padre y todos mis hermanos comiendo bechamel con huevos; un plato muy al uso de economías de guerra. Y claro oveja que bala, bocado que pierde y quien se fue a Sevilla perdió su silla. Así que ni hablábamos ni nos movíamos, aunque nos hiciésemos pipí Qué raro es que sobrase algo. Todos teníamos tal capacidad de engullir que nos ha quedado a más de un hermano la costumbre de comer muy deprisa. Devoramos, vamos.
Alguien se puede preguntar si había alguna sobra en esa
casa, bien por falta de algún comensal o
por exceso de comida. Que va. Si eso ocurría, mi padre nos animaba a acabarlo
con el dicho más realista que se pueda oír. “Comed niños, ya que muera marta
que muera harta”. Claro, con esta recomendación, como no íbamos a terminar
todo. Cuando le reías la gracia del refrán te soltaba la segunda versión de la
filosofía de comer. “Comed niños que la honra del pobre es reventar antes que
sobre”
Dichos refranes eran muy recurrentes por parte de mi padre.
Nos los contaba supongo, para evitar a
mi madre hacer croquetas al día siguiente con las sobras. O quizás se adelantase a la selección y vertido de residuos utilizando nuestro estómago como cubo de
basura.
Navegando por los vericuetos de Internet, el refrán “muera
Marta, muera harta” viene en el libro de “El lazarillo de Tormes”. Soso
¿verdad? Prefiero la versión de mi padre.
A mi también me gusta más la version del abuelo!
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