viernes, 7 de diciembre de 2012

¡Que drama¡


Antes de ayer leí en “El País” un largo artículo de Nathan Gardels. No he podido encontrar sus orígenes. Por su nombre y el de sus hijos es posible que sea una mezcla de catalán y judío. Es director de NPQ y Global Viewpoint Network, de Tribune Media, es decir un intelectual de izquierdas.
En su escrito se encuentra algo tan obvio como que la educación es el mejor camino para ascender en la escala social, y más en esa clase media que por mor del sistema económico actual está desapareciendo. Aunque concluye que en la situación actual hay una serie de barreras que impiden esta proyección.
Para el que no tenga tiempo entresaco, con el permiso del Sr. Gardels, unos datos que son demoledores.
Me he permitido subrayar lo que entiendo escandaloso.
Se dice que el 20% más rico de los estadounidenses posee el 84% de la riqueza. Y desde la crisis financiera de 2008, ese reparto tan desigual se ha acentuado. Mientras que la renta del 99% ha “recuperado” un 0,2%, la del 1% superior ha mejorado un 11,6%. En 1975, ese 1% tenía el 8% de la renta total; en 2012, el 22%.Gran parte de esa riqueza se concentra en las llamadas súper élites financieras, que tenían el 40% de todos los beneficios empresariales en el momento de la crisis de 2008. Otro factor importante es el acceso a los mercados mundiales, en el que “el ganador se queda con todo”. Al mismo tiempo, la producción industrial en Estados Unidos ha caído a menos del 12% del PIB, frente al 24% que representaba en los últimos dos decenios. Casi la cuarta parte de esos puestos de trabajo se perdieron como consecuencia del comercio con China. (Mediante una serie de políticas que consisten en invertir en preparación y formación al mismo tiempo que recortan las prestaciones para hacerlas sostenibles, Alemania ha logrado conservar una base de producción industrial competitiva que constituye el 24% del PIB y es el pilar fundamental de la prosperidad de su clase media. China es uno de los mayores mercados a los que exporta su maquinaria y sus famosos avances tecnológicos). Como afirman Eric Brynjolfsson y Andrew McAfee en su reciente estudio Race Against the Machine, la difusión de la tecnología digital en todos los sectores de la economía, que ha reorganizado prácticamente todos los modelos de trabajo, ha aumentado enormemente la productividad sin añadir más empleo. El “fantasma del cajero automático” acosa a la clase media y sus puestos de trabajo. Por otra parte, como ha demostrado el premio Nobel Michael Spence, el 90% de los 27 millones de empleos creados en Estados Unidos en los últimos 20 años pertenecen a los sectores económicos “no trasladables” y de salarios bajos: el comercio minorista, la sanidad y la función pública. El gran peligro para el credo estadounidense de las oportunidades es que esa mezcla de concentración de riqueza, cierre industrial y desplazamiento tecnológico acabe impidiendo la movilidad ascendente. En la medida en que los plutócratas pretendan defender sus privilegios mediante la influencia política del dinero y perpetuar su condición de élite a base de monopolizar para sus hijos el acceso a los Stanford, Harvard y Princeton de la enseñanza superior, todos los demás se quedarán sin ninguna posibilidad de ponerse nunca a su altura.
Lo decía ¿No?

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