sábado, 22 de noviembre de 2014

Vargas Losa, Sisi emperatriz y mi señora Sisi.

He leído estos últimos meses muchos libros interesantes. Mis preferencias, novela sudamericana, Vargas Llosa del que me referiré más adelante a una novela suya; García Márquez, que maravilla Amor en tiempos del cólera; americana, Philip Routh, su novela Pastoral americana elegía al nihilismo o al buenismo, Paul Auster La noche del oráculo, Invisible.

¿Algo español? Mis hijas me han regalado el último de Javier Marías: Así empieza lo malo. Es mi próxima lectura cuando acabe una novela thriller de David Baldacci. Perdón, de vez en cuando intercalo este tipo de lecturas.

Volviendo a Vargas Llosa. Sin olvidarnos de su trayectoria política –candidato hace años a la presidencia de su país Perú- siempre me extrañó que no le hubiesen concedido el premio nobel antes. Qué gran novela la fiesta del chivo. Y qué maravilla de cuento Elogio a la madrastra. Son algo más de 100 páginas pero justo de disculpa de pasar una tarde de invierno en casa inmerso en su lectura. La felicidad del matrimonio (Rigoberto y Lucrecia) con su hijo Fonchito (Alfonso) es destruida por la perversión de este.

Después de escribir el Elogio…, gano el premio planeta con su obra Lituma en los Andes. A continuación publico Los cuadernos de Rigoberto. Y aquí voy. Es una novela escrita a modo de diario posterior a los hechos descritos en Elogio…


En el libro se hace referencia a ciertas obras de arte de marcado carácter erótico: El origen del mundo y Pereza y lujuria, de Gustave Courbet; Desnudo con gato, de Balthus; Diana y sus compañeras, de Johannes Vermeer; La Priére y La espalda de Kiki de Montparnasse de Man Ray, los grabados eróticos de Utamaro o El baño turco, de Jean Auguste Dominique Ingres. No conocía estos artistas, pero menos aún a los que hacía casi siempre referencia nuestro Fonchito:  Gustav Klimt y Egon Schiele, maestro y alumno de la escuela austriaca del modernismo. He estado últimamente en Viena y visité el museo Belbedere en donde se podía ver toda la pintura austriaca incluido lógicamente a Gustav Klimt, Egon Schiele, Oskar Kokoschka y Max Oppenheimer. Sigo reconociendo mi ignorancia, sobre todo cuando la sala que contenía El Beso, estaba totalmente llena. Cuando vuelva a Madrid me acercaré al museo del Prado y me fijaré en cómo están de visitantes las salas en donde se ubican por ejemplo Las Meninas, Las tres gracias o El caballero de la mano en el pecho.

Muchas referencias en Viena a Sisi -mi señora- cuando paseábamos por los amplios bulevares, palacios y jardines que supuestamente transitaba la mujer del Archiduque Francisco Jose.

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