jueves, 27 de septiembre de 2012

Solo ante el peligro






Una de las mejores películas de la historia -posiblemente entre las diez primeras- sea “solo ante el peligro” dirigida como todo el mundo sabe por Fred Zinnemann y protagonizada por Gary Cooper, Grace Kelly –que mujer más guapa ¡

Fue realizada en el año 1952 –como todo el mundo sabe cuando yo nací- y como tal debería significar algo para mí. ¿Quién no ha estado alguna vez solo ante el peligro? Muchos presidentes, ejecutivos, generales, modestos trabajadores y supongo que alguna ama (o amo) de casa.

Desde que el cine es cine y los americanos son los dueños del mundo, sus presidentes tienen a su disposición -bien en 35 mm, en casete VHS, CD o disco duro - miles y miles de películas. Una de las más  visionadas por los ocupantes de la “casa blanca“ es solo ante el peligro. Supongo que además de su calidad por las enseñanzas sobre el amor, la amistad y la soledad.

Se cuenta que fue la película favorita de Bill Clinton. La vio 17 veces durante sus dos mandatos como Presidente de Estados Unidos. Sería curioso conocer si alguna vez lo hizo con Mónica  Lewinsky. Muchos fuman –o fumaban- un cigarrillo después de las relaciones sexuales. El 42 presidente de EEUU a lo mejor veía la mencionada película en lugar de la insana costumbre de fumar. ¿Será la razón de haberla visto tantas veces? Supongo.

Yo posiblemente la vi una o dos veces. No era más que un western de acción en donde los buenos triunfaban sobre los malos. No podía ser de otra forma. Y además los “buenos” eran dos, uno guapo e inteligente, y otra guapa –perdón guapísima- inteligente y reina.

Tuvieron que pasar cincuenta años de mi nacimiento para entender el verdadero significado de la soledad. Fue allá por el año 2002 cuando mi empresa me pidió ir a dirigir una fábrica en una comarca navarra muy afín al terrorismo etarra. Situada a la entrada del valle de la Sakana –en español la barranca- en donde discurre el rio Arakil. A los pocos días de instalarme en mi puesto y enterarme de la situación política de la zona, que lógicamente condicionaba la vida laboral de la fábrica, me eche a temblar. Donde me metí ¡ Treinta y tres kilómetros de longitud tiene el mencionado valle. Prácticamente  “todos” los pueblos –catorce en total- asentados en ambos márgenes del rio estaban regidos por el Herri Batasuna. Tremendo.

Y como es lógico su brazo sociolaboral le andaba a la zaga. Ela y lab copaban todos los comités de las industrias de la zona. 

En la fábrica había una mesa en la sala de reuniones – sala de consejo cuando eran Cementos Cangrejo- de un tamaño tal que en un lado cabían los doce sindicalistas que decían representar a los trabajadores –encantados estos porque obtenían de la empresa lo que querían. Frente a ellos nos colocábamos nosotros. 

Cuando miraba de frente y veía la facha de tales personajes con sus camisetas de tirantes blanca o negra, barbas de varios días, pendientes de distinto pelaje y una sonrisa de   descaro, parecían nacidos de la pata de Sabina Arana.

En ese escenario de actores fracasados y atrezzo barato, nos movíamos difícilmente. Y a pesar del explicito apoyo de la empresa, me encontraba muchas veces “solo ante el peligro”. Pero sin Mónica. Perdón, sin Sisi.

2 comentarios:

  1. Me estreno en los comentarios de este blog para darte la enhorabuena! Me encantan tus historias!
    Qué bien que ahora no estés (tan) sólo ante el peligro!!

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  2. Pues yo no he visto la peli, a lo mejor aprovecho los 60 cumpleaòos de la peli para verla. Las anecdotas de la casa blanca me encantan. Tantas veces te habia oido hablar de las reuniones de los sindicatos, pero con tus palabras he podido vivir un poco que se siente.

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