Día 15 de mayo 2012. 60 años después de
que naciera en una noche fría de septiembre en mi casa de la calle capitán Lobo,
en Dueñas.
Encerrona.
Ayudado por el
diccionario de la RAE extraje con rigurosidad el significado de la palabra “encerrona”.
No debí leer todos los significados, porque en el primero se dice:
1.
f. Situación,
preparada de antemano, en que se coloca a alguien para obligarle a que haga
algo contra su voluntad.
Y que más que
obligarme a comer al restaurante Chesmi que no me hace mucha ilusión es una
encerrona. Caramba, era mi cumple y ni me dejaban escoger. Como se puede uno imaginar,
no tengo argumentos contra 5 mujeres. Las niñas quieren el Chesmi porque han
oído que se come muy bien. Mi madre no tiene problemas para acceder al local.
Mi suegra tiene parte de su conversación garantizada porque los padres de Chesmi
son muy amigos de ella. Y yo con un palmo de morro cayendo 10 cm bajo la
barbilla.
La desilusión final
fue que cuando entrabamos al restaurante vimos que estaba el parquin colapsado.
Vaya. Encima tendremos que esperar mucho. Angel cuando vas a imponerte y decir
que hasta aquí hemos llegado. Creo que tendré que ir a un curso de formación
para aprender a decir no riéndome. Parece que eso funciona.
Entre al recinto
ajardinado del restaurante y,
Sorpresa….. 50
personas tapadas con mascaras con fotos de mi juventud me ofrecían uno de los
espectáculos más bonitos que uno pueda imaginar. Con unas chapas a la americana
sujetas en la solapa me cantaban el cumpleaños feliz. NO sabía si llorar, reír
cantar. Empecé agradeciendo a todos que compartiesen conmigo este día que por
los comienzos no parecía que auguraba buen plan.
Comida exquisita,
rabo, albóndigas, carrillera –muy castellano-, buen vino, copas, discurso –yo no
porque no lo había preparado- mago, fotos, conversación, recuerdos, chistes, regalos,
etc. A Palencia, mas copas, etc. etc. Y yo que cada vez me acordaba menos de la
edad que tenía.
Faltaron algunos que
no pudieron. Falto Fernando también; aun le recuerdo cuando él me llevo a disfrutar de
la soledad del corredor de fondo. Desgraciadamente no le he visto en ningún
cumpleaños desde el año 2003. Se lo llevo el viento en el “peine de los vientos”
No puedo recordar
aquel lunes de septiembre del año 1952 al final de las fiestas botijeras –antes
se celebraban en septiembre después de una sufrida y dura cosecha castellana.
Si al nacer hubiese nacido con algo de sentido común –del que carezco a estas
alturas- no me hubiese jamás imaginado una vida llena de mi familia y amigos
como la que representaba aquella reunión del sábado pasado en el restaurante
Chesmi.
Perdonadme pero me
levanto a por un poco de papel porque tengo que limpiar el teclado de los
lagrimones que me están cayendo.
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