martes, 22 de abril de 2014

Gabriel García Marquez y los examenes


Corría el año 1974 y alternaba mis estudios de Química Industrial con diversas actividades lúdicas propias de mi edad. Además de tomar una cerveza de vez en cuando e ir al cine, me atrevía con cierta literatura sudamericana.
Por aquel entonces vivíamos mi amigo Pepe Barrado y yo en un cutre piso interior en la calle Bravo Murillo de Madrid a la altura del metro de Estrecho, la frontera con el barrio de Tetuán; todavía no invadida por precolombinos –así les llama mi prima Marifé a los sudamericanos.
El mencionado apartamento tenía tres habitaciones dos ocupábamos nosotros y la otra la teníamos para un amigo madrileño que lo utilizaba como picadero, con una aportación significativa a la renta de la casa.
Mi habitación, posiblemente era la más pequeña. Interior con una ventana minúscula que no permitía entrar la escasa luz de un patio interior y menos porque era la planta baja, una minúscula mesa de estudio y una cama de 80 cm. Llegaban los exámenes finales y tenía que dar el do de pecho para no rezagarme en mis notas en la medida que una beca que tenía, dependía de ellas.
Siempre había un libro en la cama que leía en mis ratos de descanso. En aquellos días me acuerdo que estaba leyendo Cien años de soledad. Leía unas hojas y continuaba estudiando hasta que las laplacianas y las derivadas circulares me abotargaban. Volvía a coger el libro y contaba que el matrimonio de Jose Aurelio y Úrsula eran primos y pensaban que se casaban llenos de presagios y temores por su parentesco. Vuelta otra vez al diseño de los reactores –era quizás la asignatura mas difícil de mi carrera- y cada vez aguantaba menos estudiando. Miraba el libro pensando en las muertes deMelquiades –No se si la famosa película, recomendable, de Tommy Lee Jones está basada en el libro de Gabriel.
Así que integraba (de integrales definidas me refiero) cada vez menos mirando las páginas que tenía el libro y las que me quedaban. Ya tenían el matrimonio de los Buendía tres hijos y la preparación de mi siguiente examen cada vez peor. Tenía que tomar una decisión. Era imposible hacer las dos cosas a la vez (nos suena ¿no?)
Decidí leerme las 800 páginas de la saga ininterrumpidamente, lo que no se es cómo, pero me dio tiempo a prepararme el examen y además conseguí el notable.
Y no tengo abuela. 
Ahora sería imposible hacerlo porque me duermo antes de leer 50 páginas, y eso que no tengo mucho mas de 22 años, que son los que tenía en aquella primavera del 1974 a Dios gracias de maravillosos recuerdos.
PD: No entiendo que una mente que pueda escribir esos libros pueda ser amigo de Castro y consecuentemente cómplice de la mas larga dictadura que existe, pero bueno a todo buen escribano se le cae un borrón.

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