En mi escaso conocimiento del ingles, smart casi siempre se refiere a
personas, elegante, bien puesto, inteligente, etc. ¿Cómo se iba a referir a
cosas inanimadas este vocablo?
Despertador inteligente, por ejemplo. Que va. Era un bicho que cuando sonaba
a las seis de la mañana irrumpiendo abruptamente un maravilloso sueño con,
pongamos por ejemplo, Megan Fox, le dabas con un mazo hasta convertirlo en
chatarra. Un coche inteligente. Que va. Ibas tranquilo con tu Seat “no sé qué
ciudad” por un viejo desfiladero, y va y se para. Que cabreo. No pasa ningún alma
y tu sabes de coche lo que mi mama política del principio de incertidumbre de
Heisenberg.
Pero ahora, todo es Smart, es el teléfono, el es coche, es la TV, y lo
que es más, las ciudades también son inteligentes.
Para los profanos de la materia, decir que una ciudad es Smart cuando
tiende a gestionar los recursos de una ciudad para mejorar la calidad de vida
de los ciudadanos.
La idea es preciosa y hay muchos ejemplos de ciudades inteligentes. La más
cercana a nosotros es la Smart City Valladolid-Palencia. Ojo. Es un punto de
vista novedoso: considera no una, sino dos ciudades, cercanas y de
características diferentes, añadiendo así el transporte de una ciudad a otra
como una problemática más de la Smart City.
Incluye una red inteligente de contadores, apoyo a la implantación del
coche eléctrico, además de planes relacionados con las comunicaciones en el
hogar digital, la eficiencia energética en edificios singulares, el tratamiento
de aguas residuales o la organización del tráfico para que sea más eficiente.
A mi me parece que necesitamos un cambio cultural y político de envergadura
para conseguir lo que queremos como ciudad inteligente. No nos pase como los Smartphone
que lo único que han conseguido es alejar a las familias, personas, amigos,
aunque estén juntos físicamente.
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