jueves, 1 de noviembre de 2012

Arcturus



Mi hermano Susi – Jesús según el registro- me dijo hace muchos años que el día que me muera me pondrán en la lápida un epitafio que diga más o menos: “Lo intentó toda su vida pero no lo consiguió”. Y es verdad; tengo que reconocer que, o bien por tener un oído de cemento armado –posiblemente porque trabajé en una fábrica de cemento- o porque mi idioma de bachiller fue el francés, lo cierto es que no he podido tener un nivel de inglés razonable. Como muchos españoles, para salir del paso y good morning.
De cualquier forma creo que el destino de mis restos no repose en una tumba de un cementerio.
Posiblemente copie lo que un gran amigo –vasco para más señas– que se llamaba Fernando Cobos (QEPD) dejo escrito para sus funerales. Después de ser incinerado y en una  preciosa ceremonia fueron arrojadas sus cenizas al mar junto al “peine de los vientos”. Una poesía escrita por el y un día maravillosos hizo que los que estábamos allí nos acordemos de él toda la vida.
Fernando se ha marchado con los deberes bien hechos. Ha tenido tres hijos maravillosos –Aitor, Alechu y Ainoa, perdón por mi mal dominio del Eusquera- ha plantado algún árbol o alguna planta –que es lo mismo-  y escrito un libro. Arcturus se llamaba. Mar, estrellas, vida.
Nos vimos la última vez en junio de 2002 en Castelldefel. Disfrutamos unos días maravillosos. En su barco y en el mar mediterráneo. Allí me dio el libro. Una camiseta con el dibujo del barco y mucho cariño. Nos comprometimos a vernos otra vez en navidad. Yo esperé su llamada después de intentar contactar muchas veces con él. En el mes de marzo creo, me comunicó su hijo Alejandro que había fallecido por una enfermedad dejenerativa llamada Esclerosis lateral amiotrófica (ELA). No me lo podía creer. Cuanto le debía. Era puro tesón. Fue él quien me aficionó a correr y hacer lo que me parecía imposible meses antes, correr 42,195 metros. Que espectáculo entrar en el estadio olímpico de Barcelona –inagurado para esa carrera- sabiendo que lo había conseguido a pesar de tardar casi el doble que él.
El otro día –y esta es la razón de esta reseña- encontré su libro entre docenas y docenas de papeles que sin saber porque han llenado los pocos huecos que quedan en mi piso.
En la última página del libro, en la P.D. del epílogo, dice: “no penséis que esta historia ha acabado. La he dejado para que vosotros, cuando tengáis un rato…..la acabéis como dicte vuestro corazón. Seguro que me gustará”


2 comentarios:

  1. Presenciar como entrabas al estadio fue inolvidable!
    También me tienes que dejar leer este...aunque sea en vuestro salón.
    Que bonito recuerdo

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  2. cuanto te acuerdas de fernando.. que buena persona, trasmitia un buen rollo, yo nunca olvidare esa barba..
    cuando hacemos comida con los hijos? :)

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