sábado, 3 de agosto de 2013

Ivan el Terrible y los casting de las TV's


He releído biografía Iván el Terrible -el gran Ivan IV de Rusia- de Ian Grey. Me ha recordado mi época de joven e indocumentado que solía ver películas de cine ruso -en aquella época soviético-.  El más conocido director Serguéi M. Eisenstein supo dar a sus obras un aire más comprometido que lo que en aquella época se permitía con la férrea dictadura bolchevique. Grandes sus películas; una de ellas “Iván el Terrible”. Tuvo una secuela –antes no se decía así- llamada  “la conjura de los Boyardos”. Cine en blanco y negro. Impactante

Volviendo a la biografía de Iván el Terrible tengo que reconocer que disfrute  considerablemente. Su escritura amena, llena de anécdotas y fundamentalmente cargada de, como se puede uno imaginar, intrigas y luchas de poder, no solo en la propia Rusia sino en los pueblos de este –Tártaros, Kanatos, Livonios, Daneses, Lituanos, Polacos, etc.- y más lejanos – Ingleses, Franceses, el Papado. Todo ello condicionó considerablemente la historia de los siglos posteriores. El centro del poder –como no- el papado, se presenta como lo que ha sido siempre, no una idea de salvación de los cristianos, sino un centro de poder e influencia que apoyaba al mayor postor. Pena. Bienvenido el Papa Francisco.

Dejando el aspecto serio de la historia, cuento la parte marital de Iván  IV. Se casó 8 veces –una más que Enrique VIII- aunque solo con la primera  Anastasia Romanovna por amor. Una anécdota explica el despliegue de medios para la busca, por ejemplo, de su tercera esposa. Muy parecido a los casting que se hacen ahora para los programas de máxima cultura de las televisiones del mundo. Copio con el permiso de Ian Grey. “Se mandaron mensajes… ordenando a los padres de las muchachas hermosas y virtuosas… las presentaran a los funcionarios del Zar para una… inspección…. Se reunieron más de 2.000 vírgenes.… Iván escogió 12 jóvenes que fueron examinadas… por un médico y por mujeres ancianas de la corte. Los detalles más apreciados eran la belleza, buen carácter e inteligencia…. que no tuviera defecto alguno y tampoco malas costumbres, como por ejemplo roncar mientras durmiera.”  No es ningún invento del siglo XXI, ¿verdad? me pregunto si la aristocracia de ahora utiliza los mismos criterios. O al menos alguno, ya que la virginidad ahora no sería un mérito.

Y yo con estos pelos.

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