Estuve hace unas semnanas en Barcelona en la feria del Automóvil acompañando a verdaderos entendidos en
coches. No os voy a cansar con mis opiniones sobre la feria. Mucho mejor y
más completa la encontrareis en cualquier periódico de motor.
Dos anécdotas del viaje.
Mi estancia en Cataluña coincidió con la súper final de la copa del Rey. Estábamos en Sitches y lo vimos en un bar-restaurante muy concurrido en donde podíamos tomar una cerveza y a la vez comer. Optamos por la cerveza para el primer tiempo y una ensalada para el segundo. De los tres que íbamos, uno era del Barcelona y nosotros dos del Madrid.
Cuando marcó este último el
silencio se interrumpió con un tímido aplauso nuestro. Como buenos seguidores
merengues pensábamos que la victoria iba a ser más amplia por la necesidad que
tenía el Atlético de Madrid de meter un gol y
esto lo aprovecharía el equipo blanco con su demoledor contraataque. Craso
error. Vinieron dos sorpresas seguidas. La primera, el gol de Diego
Costa. ¿Cómo es posible –a pesar del clamoroso fallo de la defensa y en mi
opinión del portero- que el equipo colchonero pueda empatar el partido? Pero
aquí no acabó la cosa. El restaurante entro en un grito de alegría que ni en mis
tiempos del bar Tu y Yo palentino recordaba. Nos preguntábamos cuantísimos
colchoneros había. Pues no, lo que había era muchos
catalanes –del Barcelona o no- que estaban encantados de que perdiera el
Madrid. La venganza de que les hubiese eliminado el Real unas semanas antes. Yo
lo que no vería nunca en un restaurante sería un partido del Barcelona contra
el Español. Cenaría con una buena conversación, unas verduritas a la plancha y
un buen vino. Tengo problemas de digestión y una victoria del Barcelona me
perjudicaría.
Me extraño ver en los escaparates
solo equipaciones azulgranas y como obsesión la de Mesi. Tuve que ver docenas
de tiendas y si, en la calle Ferrán, aledaña a las Ramblas, me encontré
con una camiseta blanca escondida y ¡EUREKA¡ una de la selección española.
Supongo que habría pedido permiso a la generalidad o al ayuntamiento para
semejante provocación. La foto es muy curiosa. Supongo que salvo ciertas
excepciones, las equipaciones de los demás
equipos –incluido el del Español de Barcelona- estarían dentro de la tienda
para poder vendérselas a los jovencitos y los
guiris. La pela es la pela.
Como rotular los comercios en castellano vamos. Suelo ir al
centro de Madrid con cierta frecuencia y todos los quioscos y tiendas de
deportes y souvenires están llenos de camisetas del Madrid y del Barcelona, y
del Atlético y…. Lástima que a los barceloneses y barcelonesas no se les facilite, como en otros sitios, la posibilidad de adquirir su camiseta preferida.
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