No conozco Teruel. Me da mucha
vergüenza decirlo, pero creo que estuve una vez hace muchos años y lo único que
recuerdo es que tiene muchos monumentos mozárabes. Pasaba por allí cuando solía
ir de vacaciones con mi familia a la zona de Peñíscola.
Bien porque no está en una zona bien
comunicada, porque no tiene mar o porque no tiene, en mi opinión, las
características necesarias para escaparse un fin de semana, para mi es la
desconocida más grande de España.
Pero claro, como tiene una de las
poblaciones más pequeñas de este país, y para potenciar la economía de la zona, los gestores locales pidieron a la comunidad aragonesa que intercediese en al
gobierno de la nación para hacerles un aeropuerto. Pero no para pasajeros -que
sarcasmo hubiese sido, aunque todo es posible en esta piel de toro- sino que se
construyo para un centro de mantenimiento, almacenamiento de corta y larga
duración y reciclado de aeronaves. Qué bien suena. Con una pista de casi 3
kilómetros es una de las más grandes del mundo.
No nos olvidemos, de cualquier
forma, que esta barbaridad no es más que
un grano de arena en la playa más grande del Caribe. Y no hace falta cambiar de sector. Aeropuerto de Castellon, La mancha, Leon, etc, etc. Vamos como setas, perdón.
Por cierto, me voy la semana que
viene a Santander. Y dicen que no va hacer bueno. Caramba, si normalmente no lo
hace en esa gran comunidad Autónoma, que será este año. Maldito cambio climático. Prometo aportar mi pequeña
cuota para reducir las emisiones de dióxido de carbono. Pero eso será otro día.