Hace 10 años aproximadamente conocí a una persona encantadora.
Me encandiló no solo por su presencia: atrevido, osado, ingenioso y
potencialmente buen profesional. En aquella época y por mor de una
restructuración de la fábrica donde trabajaba, necesitábamos contratar a un
ingeniero que se hiciese cargo del mantenimiento de las líneas de producción. No fue
fácil ya que entonces España
estaba creciendo a ritmos casi incontrolados y la demanda de profesionales era
tremenda. Si sumamos el hecho de que la zona de trabajo era la más borroka
–radical e independista- del país vasco, la conclusión es que el departamento
de RRHH de la empresa no encontró nada….salvo un Venezolano que
estaba trabajando de jefe de mantenimiento en la empresa de transportes urbanos
de Granada, ósea reparando autobuses. ¿Que podía hacer con instalaciones
accionadas por motores de 4 millones de watios que había en la fábrica, acostumbrado a motores de cuatro tiempos?
Cuantas anécdotas nos
contábamos en nuestros ratos de convivencia obligada. Todos los años se
marchaba a Venezuela a visitar a sus hermanos y parientes y me contaba el drama
humano de muchos compatriotas suyos al no poder disponer de productos de
primera necesidad. Productos que se llevaba de España para poder regalar como
si de un Rolex se tratara. Me relataba sobre las inseguridades jurídicas que
sufren todos los que no eran de la cuerda del Chavismo. Y qué decir de la
moneda, el bolívar.
Y lo curioso de todo es
que los venezolanos siguen apoyando al chavismo a pesar de su mala situación.
Nadie les ha dicho que Venezuela exporta 2.000.000 de barriles de petróleo al
día. Es decir 730.000.000 de barriles año. Es decir a 110 $ el barril. 80.000
millones de dólares. Con ello pueden comprar todo lo que quieran...para ellos.
José Antonio –como así
se llama mi querido amigo- tenía razón y debido a sus principios y por su
enfrentamiento con el chavismo, tuvo que emigrar a España. Bienvenido, otra vez y gracias por
apoyarme cuando lo necesité.
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